Sal y azúcar, agua y fuego, mar y tierra, día y noche, luz y oscuridad, cara y cruz, invierno y verano, ying y yang. Una cosa no es mejor que la otra, y sin embargo son diferentes. Nunca coinciden, y sin embargo una no tendría sentido sin la otra. Hay veces, aunque muy pocas, en las que las dos se juntan por casualidad, sin saber por qué, pero no por error, porque cuando cometes un error nunca ha merecido la pena. Y sería difícil encontrar algo que hubiera merecido mas la pena.
Porque es como una playa donde se juntan mar y tierra, como un atardecer donde se juntan día y noche. No sabes por qué, pero a veces son tan bonitos que te entran ganas de llorar, de parar el mundo en ese instante. Porque entonces sólo necesitas a una persona, la pieza del puzzle que encaja a la perfección en tu mundo, él que con una mirada te lo dice todo, él que te hace feliz simplemente con saber que está ahí.
Y en esos momentos que no cambiarías por nada te das cuenta de algo: mientras él siga ahí nunca acabarán.
Porque es como una playa donde se juntan mar y tierra, como un atardecer donde se juntan día y noche. No sabes por qué, pero a veces son tan bonitos que te entran ganas de llorar, de parar el mundo en ese instante. Porque entonces sólo necesitas a una persona, la pieza del puzzle que encaja a la perfección en tu mundo, él que con una mirada te lo dice todo, él que te hace feliz simplemente con saber que está ahí.
Y en esos momentos que no cambiarías por nada te das cuenta de algo: mientras él siga ahí nunca acabarán.

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